Cuando empecé a disfrutar de la vida... aunque no lo crean, la empecé a disfrutar desde el día que supe que iba a morir. Irónico, a lo mejor, pero saber que treinta años son once mil días, un poco más o un poco menos. Al pensar en esto, me deja con la tarea de descubrir cómo vivir la vida, no vivir en el tiempo, que es como muchos viven, y cuando se dan cuenta, la vida se les fue. He tenido que cambiar algunas cosas, pero la verdad es que cada cambio, cada etapa, cada sentimiento de felicidad o tristeza, me deja una nueva experiencia. El día de ayer era otra persona, hoy soy una nueva, cada día aprendiendo y creciendo. Pero esto se debe transmitir, a mis hijos, estudiantes y compañeros.
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